lunes, 28 de mayo de 2012

Lisabö en Madrid: monolíticos

Entrada original para La Factoría el 27 de mayo del 2012.
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Sábado 26 de mayo 2012. Lisabö + Ainara LeGardon. Moby Dick Club.
Un día después de que los vascos perdieran ante los catalanes la Copa del Rey en un partido marcado más por la política que por el deporte, en el Moby Dick Club de Madrid los vascos Ainara LeGardon en solitario y Lisabö como sexteto triunfaron ofreciendo una noche explosiva, y levantaron y reivindicaron por todo lo alto un monolito esculpido por una sonoridad cruda, estentórea y animal.
Ya con un lleno total, la bilbaína Ainara LeGardon, solitaria, solemne, oscura y estridente, repasó parte de su material de su ya significativa carrera, recurriendo especialmente a “We once wished”, su último trabajo que le valió un número 22 en lo mejor del año 2011 por Rockdelux. Se le notó suelta y concentrada, viviendo sus emociones, apretando los ojos como si los acordes que iba tocando fueran navajas que la herían. Su umbrío folk sedujo al público, que la arropó con sinceros aplausos.
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Pero lo que todo mundo estaba esperando esa noche era otra cosa, algo aún más contundente y áspero: Lisabö. Los de Irún, esta vez como sexteto (dos baterías, dos bajos, dos guitarras y dos voces), comenzaron su aplastante actuación con “Gordintasunaren otordu luzea” (“El largo banquete de la crudeza”), cuarto tema de su merecidamente celebrado último LP “Animalia Lotsatuen Putzua” (en castellano “El pozo de los animales avergonzados”). Combinaron temas de éste y de su anterior trabajo, “Ezlekuak” (Bidehuts, 2007). Sonaron temas como “Ezereza mugak” (“Límites de la nada”), “Hazi eskukada I” (“Un puñado de semillas”), “Oroimenik gabeko filma” (“La película sin recuerdo”),  entre otras.
Madre mía, qué bestialidad, qué ganas de sentirse vivos. El público (Javier Gallego, alias “Crudo”, de Radio 3, se encontraba ahí) estuvo poseído, en trance, entregado y un poco aturdido también (me consta que no fui el único que durante una parte del concierto usó tapones en los oídos). Ver a Lisabö es una experiencia sónica, física y metafísica. No cualquiera sale vivo de la aventura, se necesita temple y aguante. Pero la recompensa no es poca ya que de su parte no se reservan nada, lo dan todo: se desgañitan la garganta, se dejan caer sobre el escenario, se pasean por entre el público gritando, patean el suelo, golpean el atril del micrófono haciéndolo tambalear peligrosamente (los de la primera fila podrían haber perdido un ojo si se descuidaban), se dan cabezazos entre ellos, se abrazan como boxeadores exhaustos, escupen…
Incluso sus instrumentos salen castigados del rudo trato: el parche de una de las baterías se rompió en mitad de la canción y así, sin sorpresa alguna, lo sustituyeron como si estuviesen la mar de acostumbrados a ello.
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En “Oinazearen intimitatea” (“La intimidad del dolor”) casi lloro cuando furiosamente se alzó como un grito de guerra el estribillo que da título a su último álbum; en “Ez zaitut somatu iristen” (“No te he sentido llegar”) escuchamos en un sampleo la recitación de Martxel Mariskal, autor de todos los textos, bellos y descarnados poemas que transmiten agonía y enfrentamiento existencial.
Lamentablemente, entre tanta distorsión y caos, en directo se pierden muchos matices de sus incitantes desarrollos musicales que la escucha de sus discos ofrece. Eso sí, ganan en intensidad una monstruosidad. Las voces apenas se oían porque eran absorbidas por los instrumentos, por esa caudalosa energía. Hasta un sordo pudo haber sentido este concierto porque las piernas, el pecho y la cabeza nos vibraban intensamente.
Ya en los bises, Karlos Osinaga y Javi Manterola subieron a dos chicos de entre el público para que terminasen la noche tocando con ellos. Les colgaron una guitarra, les indicaron donde debían de colocar los dedos y les hicieron trotar como quizá nunca antes lo habían hecho. Fue un final orgásmico, apoteósico, destructivo, caótico, anárquico, incluso algo violento, pero sobre todo fue un final feliz.
Gracias Lisabö, gracias.
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Francisco Negrete Mendoza.
Fotos: Estrella Checa Ruiz.


Lisabö - Oinazearen intimitatea
 
Lisabö - Ez zaitut somatu iristen
 

El Melómano Cabreado #17


Entrada original para Satélite Media el día 25 de mayo del 2012. 
Abuchead todo lo que queráis…
Como algunos de ustedes sabrán, en este momento se está desarrollando la sexagésima quinta edición del quizá más prestigioso festival de cine de todo el mundo, Cannes 2012.
He permanecido relativamente atento al certamen ya que Carlos Reygadas, uno de mis cineastas contemporáneos favoritos, a quien además le tengo simpatía personal, presenta su último largometraje titulado Post Tenebras Lux (“Después de las tinieblas espero la luz”, frase recogida del libro de Job), un film que ya está dando de qué hablar.
Los trabajos de Carlos Reygadas, que no son muchos todavía (cuatro contando este), no son obras que uno pueda ver como cualquier otra película. Exigen una involucración y atención específica del espectador; no son películas para entretener ni para limpiar la baba de nadie; no son películas para gente impaciente y que no sabe contemplar la vida ni sus detalles. Es cierto que sus tres primeras películas cuentan una historia lineal usando una estructura más o menos convencional (algo que aparentemente ya no practica en este nuevo film), pero de cualquier manera la información no es dada de manera explícita sino que hay que leer entrelíneas y advertir las alegorías representadas para comprender lo que verdaderamente está ocurriendo, como sucede en la poesía. En este sentido, coincido totalmente con Jaime Romandía, productor del filme, que matizó que aquello era un trabajo artesanal.
Estos indispensables requisitos para poder disfrutar de la obra de Reygadas ya dejan fuera a la gran mayoría del público promedio. El individuo/a que se enfrente a una de esas películas deberá ser, por fuerza, una persona contemplativa, reflexiva, cavilosa, ascética y hasta un poco piadosa. Características del espíritu que hoy ya no abundan mucho en este mundo cada vez más apresurado, inquieto, distraído, superficial, intransigente, literal, perezoso, indiferente, distante, abúlico y apático.
Es muy probable que por esto hayan abucheado la presentación del filme de Reygadas en Cannes. ¡Nada mejor le pudo haber pasado! Y él lo sabe porque, además de la publicidad gratuita que se le ha dado a su obra por este incidente, Carlos es muy consciente de que su cine trasgrede más allá del espacio-tiempo, de las estructuras clásicas, moldes narrativos o cinematográficos y de cualquier recelo academicista.
"Los periodistas siempre tienen prisa, quieren pasar a lo siguiente, quieren lo más fácil y ya. Me siento muy halagado de que mi película no les guste porque quiere decir que estoy haciendo lo correcto. Si no me abuchearan estaría un poco preocupado porque nunca abuchean los programas de televisión que es lo peor que hay en la actualidad, el veneno de hoy", sentenció Reygadas en Cannes en rueda de prensa. Además, reconoció lo que todos sospechábamos: "para mí existir es provocar”. En ese sentido, todas sus películas han conseguido provocar (aunque yo usaría la palabra “sugerir”) de una u otra manera y en mayor o menor medida.
Lo mismo le ocurrió al barcelonés Jaime Rosales cuando presentó en el Festival de Cine de San Sebastián del 2008 su rompedor largometraje Tiro en la cabeza (Tiro Bat Buruan). Un filme que sigue el recorrido de un etarra que termina asesinando a dos guardias civiles en algún lugar de la frontera entre Francia y España. En este filme observamos a los protagonistas a cierta distancia, como si les miráramos siempre a través de la lejanía. Les vemos hablar pero no les escuchamos, les vemos obrar actos cotidianos e intuimos lo que pasa pero jamás estamos del todo seguros ni de lo que hacen ni de sus intenciones. Le abuchearon en la proyección y le cuestionaron y reprocharon su trabajo luego en la sala de prensa. Aunque aquella vez Jaime Rosales fue mucho más moderado que Carlos Reygadas en su defensa, concluyó que él tan sólo era un artista que no pretendía encontrar las soluciones a los problemas del mundo.
Para mí Tiro Bat Buruan es una de las películas más trasgresoras que he visto en mi vida. Confieso que incluso me aburrí un poco viéndola, pero al mismo tiempo encontré una satisfacción confusa e incomprensible que, imagino, sólo has de sentir cuando te enfrentas a una obra única.
Muchos han sido los que han recibido abucheos a lo largo de la historia cuando develan su trabajo pero me es inevitable recordar siempre el caso de La consagración de la primaverade Igor Stravinsky en su estreno en el año de 1913 en el Théâtre des Champs-Élysées en París, Francia. Con la distancia del tiempo resulta emocionante e impactante revivir a través de los libros cómo un aparentemente inofensivo ballet en dos actos basado en los ritos paganos de Rusia, causó tanta conmoción en todo el circuito artístico de aquellos años. Tampoco me extraña, puesto que es una obra monumental, revolucionaria y trascendente que podría competir con el origen mismo del cosmos y de la creación del Universo. “Una verdadera locura” como diría un buen amigo de Murcia.
Al estreno fue la crème de la crème de la época: Picasso, Coco Chanel (quien fuera luego amante del compositor ruso), Florent Schmidt, Jean Cocteau, Camille Saint-Saëns, entre otros. Inmediatamente la sala se dividió, al igual que en la vida misma, entre conservadores y progresistas que se vilipendiaron y se agredieron unos contra otros. Con su ConsagraciónStravinsky alborotó a los demonios del mundo, que por aquellos años comenzaban a asomar sus cabezas. El director de orquesta Sir Simon Rattle (uno de los mejores directores vivos hoy por hoy) ha concluido que la naturaleza de Le Sacre du printemps no era otra cosa que el preludio de la Primera Guerra Mundial. Casi nada. Una vez que las pasiones se desataron ya nada en la música a partir de entonces se volvió a entender de la misma manera.
Nunca olvidaré la tenacidad e impresión con la que se prensó en mi alma La consagración de la primavera cuando la escuché por primera vez, al igual que cuando vi Luz silenciosa (Stellet Licht) de Carlos Reygadas, que por cierto fue en el Festival de Cine de Morelia.
Por eso abuchead todo lo que queráis, que de cualquier manera el tiempo es el que se encarga de dejarnos a todos en nuestro sitio.



















Igor Stravinsky. La Consagración de la Primavera. Primera parte. La adoración de la Tierra.  
Tráiler de Post Tenebras Lux.

viernes, 18 de mayo de 2012

El Melómano Cabreado #16


Entrada original para Satélite Media el día 18 de mayo del 2012.
Nacemos en una prisión
Desde Madrid. 
En un corte del disco “Some time in New York City” firmado entre John Lennon y Yoko Ono, ésta canta algo así: “Nacemos en una prisión, crecemos en una prisión. Lloramos, amamos y vivimos en una prisión, como idiotas. Trabajamos, odiamos y morimos en una prisión, como si fuera una regla”.
¿A quién le cabe duda de que la vida entera es una prisión constante? La familia, la escuela, el trabajo, la sociedad, las naciones, las ciudades, las calles, las casas, las relaciones, lo son. Hasta el cuerpo de uno mismo es la prisión del espíritu y alma de nuestro verdadero ser.
En este sentido, yo, además, me encuentro en una prisión burocrática. Cual pájaro en jaula, la administración en España no me ha dejado extender mis alas para aprender siquiera a volar (como si esto no fuera ya suficiente).
Llevo cuatro años intentando regular definitivamente mi situación legal en este país y sólo me he encontrado negativas por todos lados. No, no y no.
Al no ser una persona requerida en España (no soy un gran artista, ni un eminente científico, ni una celebridad, ni un futbolista talentoso, ni absolutamente nada), soy, por lo tanto, una persona indeseable.
Me pregunto, ¿acaso escogemos el lugar donde nacemos? ¿Entonces por qué habría de quedarme toda mi vida ahí donde nací si lo que quiero es estar en otro sitio?
Desde que llegué aquí, me he involucrado con la vida local al máximo, me he sumergido en la cultura y puedo decir que sí, me siento no sólo parte de México, también de España. A mí me gustaría hacer mi vida en Madrid, desarrollarme profesionalmente en esta parte del mundo y aportar mis habilidades y conocimientos a la sociedad española. ¿Por qué no, si al fin y al cabo aquí me encuentro bien, me gusta la vida de España y me siento conforme y adaptado a los usos y costumbres de este lugar?
Pero este racionamiento resulta ilógico para la rígida gestión pública española. Me lo están haciendo pasar muy mal para conseguir mi residencia, para con ella acceder a la seguridad social (la sanidad, por ejemplo, me la han negado un par de veces, por increíble que parezca), a la igualdad de condiciones para conseguir un empleo y a la equidad de derechos con respecto al resto de españoles y/o ciudadanos con residencia en España.
Cuando ataco por una vía para conseguir mis fines, me niegan el paso o me obstaculizan. Cuando intento doblar por otro camino encuentro las mismas barreras. No, no y no. Esto me deja abatido y con ánimo bajo, deseando incluso la muerte. Yo realmente quiero a este país pero el mensaje que me lanzan con estas negativas es el de que parezco no ser bienvenido.
He venido concluyendo que México es mi cruz, mi lápida. Sólo por mi pasaporte verde legalmente ya no soy nada en el resto de mundo. Mi nacionalidad es mi grillete. Mi condena.
Encima, la Embajada y Consulado mexicanos muy rara vez me han servido de algo para solucionar el papeleo que tengo que presentar constantemente para justificar mi estancia en España. ¿Entonces para qué está el organismo si no puede ayudar a los mexicanos? ¿Qué sentido tiene? Si vieran la casa donde vive el embajador de México aquí en Madrid se irían de espaldas. ¿En eso gastamos el dinero del pueblo mexicano? ¿En mantener a un tecnócrata que poco hace por facilitarles la vida a sus conciudadanos? En cambio, si pido un miserable certificado, un maldito sello, cualquier inocente trámite, o no lo puedo hacer o lo puedo hacer en condiciones de clara desventaja con respecto a los tiempos administrativos.
Ahora mismo me encuentro en una encrucijada de tal magnitud que incluso puedo perder la renovación de mi estancia. ¿Y a quién le importa eso? A nadie, puesto que soy un mexicano común y corriente que su único pecado ha sido el de irse de su país en busca de otra vida. Me declaro culpable.
Me fui de México huyendo de una prisión sólo para darme cuenta de que es imposible librarse de ella. Somos presos de por vida, no importa dónde estemos.
Me pregunto cuántos miles o millones de personas se encontrarán en una situación similar, absorbidos en un limbo burocrático que transcurre con suma lentitud, como si fuésemos a vivir 200 años. ¿Cuántos de ellos sucumbirán en el intento?, ¿cuántos desperdiciarán los mejores años de su vida y el florecimiento de su potencial, atascados en este ciclo absurdo de la legalidad?  Me gustaría gritar que ninguna persona es ilegal, pero hoy no tengo sentido del humor ni siquiera para reírme de mí mismo.
Sólo me queda esperar y ser paciente. Si mis fuerzas me alcanzan, algún día seré considerado como un ciudadano con todas las de la ley en España. Quizá entonces, por fin, pueda volar. Y quién sabe, a lo mejor y me siento un poco libre.
 
John Lennon & Yoko Ono – Born in a prison

viernes, 11 de mayo de 2012

Entrada original para Satélite Media el día 10 de mayo del 2012.

Sálvese quien pueda
Si no recuerdo mal, fue Albert Einstein el que dijo: “La locura es hacer siempre lo mismo y esperar resultados diferentes". También se ha dicho tantas veces aquello de que “el que no arriesga, no gana” que resulta ya un lugar común, pero es la verdad. Thomas Alva Edison, que patentó más de mil inventos, declaró para la posteridad: “Toda persona debe decidir una vez en su vida si se lanza a triunfar, arriesgándolo todo, o si se sienta a ver el paso de los triunfadores”. Verdades como puños. Entonces, ¿por qué le tenemos miedo al cambio, sobre todo si las cosas no van bien?, ¿qué es lo peor que puede pasar?, ¿que lo perdamos todo?, ¿y si ya lo hemos perdido y no nos damos cuenta de ello?
Yo soy un mexicano que ha tenido la oportunidad de vivir en otro lugar y poder comparar. Pasé mis primeros 20 años de existencia en mi ciudad natal, Morelia, Michoacán. En España llevo ya cuatro años, y en todo ese tiempo sólo he visitado dos veces México. La última vez que fui fue hace poco durante estas navidades del 2011. Llevaba algo así como tres años y pico de no estar en México y, si les soy sincero, se puede decir que casi hasta me había olvidado de él. No pensaba mucho en mi país porque me encontraba enfrascado en mis actividades y conociendo y disfrutando otro mundo completamente nuevo. Por eso el golpe al volver fue brutal, lo veía todo maltrecho, arruinado, decadente, derruido y descompuesto. Ni siquiera me acordaba que algunas calles había que cruzarlas prácticamente corriendo porque no había ni paso ni semáforo peatonal. Se me había olvidado qué se sentía caminar intranquilo por casi cualquier calle por la noche. De mi memoria se había ido la pobreza de sus calles, su gente famélica y moribunda pidiendo dinero por las esquinas y al pie de los semáforos. Sentía raro subirme a la combi (ese transporte público tan incómodo) pidiendo la parada en cualquier lado, sin un orden ni de horarios ni de frecuencia y casi sin marquesinas donde poder hacerlo. Recogía a mi sobrino de la escuela, aquella donde yo mismo estuve (la primaria Rector Miguel Hidalgo) y me chocaba ver tantos niños obesos, comiendo porquerías que compraban justo fuera de la escuela.  A él le regalé un cómic que compré en Madrid, con muchísimas más ilustraciones que texto y tardó casi dos meses en terminar de leerlo, sin preocuparse siquiera de seguir el hilo argumental, sinónimo de que en la escuela ni a él ni a sus compañeros les acostumbran a leer ni, por lo tanto, a encontrar placer en ello, pero en cambio se le hacía tarde para encender el Xbox; ¿qué será del futuro cultural de la ciudad y del país si los más chavitos muestran una descomunal pereza mental? No quiero ni imaginármelo. Durante el par de meses que estuve en Morelia jamás pude ingresar a una de las poquísimas bibliotecas de la ciudad, la del Planetario, ni a la videoteca María Rojo (que se encuentra ahí mismo) porque estaban en huelga y no laboraban. Estaban en todo su derecho de hacerlo, ya que seguro el gobierno les hacía trabajar en condiciones inaceptables, pero ¿entonces a qué otro lugar podría ir yo a cultivarme? Ni idea. Me horrorizaba literalmente ver tantas madres jóvenes, de escasos recursos (económicos e intelectuales) arrastrando un montón de niños, cargando otro en brazos y esperando uno más en la barriga. Además, cuando yo me fui aún no había estallado de una manera tan descarada la “guerra contra el narco”, por eso me sorprendió ver a los militares circulando por las calles como si tal cosa; por no contarles ya la inefectividad con la que me trataron un par de policías cuando me asaltaron la víspera de año nuevo
En fin, quizá sean ejemplos baladíes pero intento escribir aquí sobre un sentimiento de impotencia y cabreo ante tanta adversidad. Para no hacerles tan largo el texto, no recordaba ya la infinita resignación con la que muchos mexicanos tienen que vivir todos los días a cambio de muy poco. Poquísimo, diría yo. De pronto fui consciente más que nunca de todo el caos, surrealismo, miseria y locura con la que se tiene que vivir constantemente en México.  No podía creer que nos hubiésemos acostumbrado a todo aquello, a la corrupción inmersa en todas las capas sociales, a las diferencias de clases, a la impunidad de los altos poderes, a la ineptitud e incompetencia de las autoridades, al incivismo, incultura e ignorancia… De alguna manera, y sin faltar al respeto al país ni a los mexicanos, encontraba todo aquello como una especie de inframundo del que prácticamente nadie era consciente.
Pero, mexicanos, de verdad, este año tenemos la oportunidad de empezar a cambiar el rumbo. Entre otras cosas, podremos parar una guerra que le ha quitado la vida a más de 60 mil personas. Si eso te parece poco, entonces te diría que este año podemos apostarlo todo por algo diferente, por algo que nunca ha pasado en México: un gobierno de izquierdas, humanista, preocupado por el pueblo y cercano a él. Una república amorosa, eso es, aunque algunos se rían (¿acaso es mejor una república intolerante como la que nos ha regalado el gobierno de los últimos seis años?). Un cambio personificado en el candidato Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y su movimiento MORENA. Confiando en él, México tiene poco que perder pero muchísimo por ganar. ¿Ya sabes cuál va a ser su gabinete? Lo puedes consultar completo aquí, a lo Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band: http://amlo.si/gabinete. Yo sé que cuesta creer que pueda ser verdad un equipo de gobierno tan bueno como este, de gente tan bien preparada, ideal e incluso icónica en el país (Elena Poniatowska en la Secretaría de Cultura, Juan Ramón de la Fuente Ramírez en la Secretaría de Educación Pública, Marcelo Ebrard como segundo hombre del gobierno, etcétera). ¡Pero lo es!
Sé también, no soy ningún romántico ingenuo, que AMLO tan poco es la respuesta a todos los problemas de México, ninguna persona lo es. Para eso tendríamos que, primero y principalmente, derribar todo el sistema socio-económico del mundo entero (es decir, el capitalismo) y construir uno nuevo. Pero tranquilos, tarde o temprano pasará. Ahí están los libros de historia: nunca un sistema ha durado para siempre. Lo que sí no sé es cuánto tardaremos en hacerlo ¿media década, cuarenta años, tres siglos? Quién sabe, pero ocurrirá.
No obstante, votar por AMLO es un buen comienzo para arrancar de raíz la mala hierba que apesta al país. ¿Por qué crees que le han hecho la vida imposible?, ¿te acuerdas del desafuero, del fraude electoral del 2006 y tantas otras descalificaciones?, ¿te acuerdas de eso de que “AMLO es un peligro para México"? Pues claro que es un peligro, pero sólo para el México de quien te estaba queriendo engañar a base de calumnias, es decir: la cúpula de poderes, Televisa, TV Azteca, el PRI, el PAN, las grandes empresas explotadoras y empresarios sin escrúpulos, etc.
Si no estás acostumbrado a la figura de AMLO y si lo que viste en el pasado y primer debatede la contienda electoral te decepcionó porque se vio lento en sus argumentaciones, distraído de sus objetivos y torpe de movimientos (donde incluso hizo ruborizar a la audiencia cuando mostró ante las cámaras una fotografía al revés de Enrique Peña Nieto, candidato del PRI, acompañado del ex presidente Carlos Salinas de Gortari; de ahí que la cabecera de esta entrada este así, en apoyo suyo), te invito a que busques videos de él en Youtube (y ya de paso a que leas su Proyecto de Nación). Descubrirás que su ritmo es otro, el ritmo de una persona que le gusta reflexionar detenidamente sus conclusiones y no el del ritmo impuesto por la televisión. Al fin y al cabo ¿hace mejor las cosas quien las termina primero o quien las construye más detenida y detalladamente? Ojo, que no se trata de una carrera.
¿Le vas a dar tu voto al PRI? ¡No me jodas!, ¿no tienes memoria?, ¿acaso no sabes que el PRI duró más años en el poder que la Unión Soviética?, ¿y que el ahora nobel Vargas Llosacalificó al país en 1990 como la dictadura perfecta?, ¿no tienes consciencia histórica acaso o es que eres un cretino definitivamente? Lee, que hay mucha (pero de verdad muchísima) cola que pisar a los priístas.
¿Se lo vas a dar al PAN?, ¿es que quieres seguir “barriendo la casa hasta al fondo” como rezan los spots del partido?, ¿quieres ver hasta dónde llega la locura que ha montado Calderón?, ¿te parece buena idea continuar con la intolerancia social? Piénsalo porque no está funcionando, las cosas han empeorado y no parecen mejorar con esa estrategia.
¿O acaso Quadri de Nueva Alianza te apantalló con su elocuencia y su aparente desligamiento de la actitud política? Él es el personaje (por no calificarle como títere) más utilizado de estas elecciones a favor de otros poderes, aquellos invisibles y perversos que no vemos a primera vista pero que intuimos y leemos entrelíneas. No tires tu voto. Nueva Alianza está sólo para hacerle más fácil el camino al PRI.
¿Eres tan rebelde que lo anularás porque crees que ninguno vale la pena? ¿Estás consciente de que eso sólo beneficia al PRI y al PAN, es decir, a las derechas? ¿Vamos a jodernos todos sólo porque tú quisiste demostrar tu repudio al sistema? Bravo, te aplaudo.
En fin, me excedo y abuso del espacio de esta columna.
Yo ya mandé mi voto desde España. Confío en que hagamos lo correcto este primero de julio. Porque si vuelve el PRI (como apuntan algunas encuestas que no sé si creer) no me queda más que decir: Sálvese quien pueda.
All you need is AMLOVE!



















The Beatles – Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band

French Films en Madrid: pop despreocupado


Entrada original para La Factoría el día 10 de mayo del 2012.
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Miércoles 9 de mayo. Moby Dick Club, Madrid.
Abrieron la noche OK Asno en un Moby Dick Club todavía vacío, a la par que se desarrollaba la final de la Liga de Europa entre el Atlético de Madrid y el Athletic de Bilbao (3-0, marcador final). Mientras el partido acababa y el concierto se llenaba poco a poco de espectadores, la banda afincada en Madrid, más asnos que OK, repasaban “Miles over the land (2011), un EP que refleja, sin grandes matices, sus más evidentes influencias anglosajonas (los primeros Radiohead, Grizzly Bear, Fleet Foxes, entre otros…). El quinteto finalizó su repertorio un tanto despersonalizado sin pena ni gloria.
French_Films_1Ya con una entrada aceptable, los finlandeses French Films, una de las apuestas más atractivas de la programación de este mes en el Moby Dick Club (Lisabö el 26 de mayo son, sin duda, el plato fuerte) se presentaron por primera vez en Madrid en esta mini gira por el estado español que finaliza este 10 de mayo en Zaragoza. Johannes Leppänen (guitarra y voz), Joni Kähkönen (guitarra y voz), Mikael Jurmu (bajo y voz), Santtu Vainio (teclados y voz) y Antti Inkiläinen (batería) lo dieron todo en un concierto breve, conciso y efectivo de menos de una hora.
Su pop despreocupado y un tanto adolescente agradó al público que se dejó llevar por sus canciones cantábiles, de coros fáciles y melodías simples que sin duda buscan convertirse en himnos momentáneos o en al menos hits efímeros. Su pop post-punk británico ochentero, combinado con un soleado surf rock de la California de los sesenta y pizcas de new wave, se emparenta a The Drums, Los Ramones, Beach Fossils y The Smiths.
Los de Järvenpää agotaron su enérgico y animado repertorio a todo trapo. Sonó Take you with meLift me upDropout Jr., de su EP del 2010 “Golden Sea”; y Escape in the afternoonPretty in decadenceYou don’t know (single que tenía que caer), Convict (una de las más bailadas y celebradas por el público), entre otras de su primer y hasta ahora único disco de larga duración “Imaginary Future” (2011).
El joven quinteto no dejó reposar a nadie y apenas nos dirigieron la palabra. Da igual, no les hubiésemos comprendido en su finlandés ni en su colegial acento inglés.
Con un buen sonido ecualizado, líneas vocales ricas (son cuatro micrófonos) pero un tanto difusas (prácticamente no se podía seguir la letra), naturalidad y grato desparpajo en el escenario, y un repertorio homogéneo pero potente, French Films culminó con un fugaz bis su noche en la capital española. Quién sabe si volverán. 
Fuera del Moby Dick Club la ciudad festejaba alocada un triunfo futbolístico…
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Fotos: Estrella Checa Ruiz

French Films - Convict


French Films - Lift Me Up

miércoles, 9 de mayo de 2012

Paul McCartney. "Kisses on the bottom"

Entrada original para Revés Online el día 8 de mayo del 2012.


Sí, así es: Kisses on the bottom es un disco pretendida y abiertamente romántico de uno de los músicos más románticos de la historia de la música. ¡Pero, hey, que nadie huya!, porque el vigésimo tercer disco en estudio de Paul McCartney (en los que no estoy contando los ocho en vivo, los seis de música clásica, los seis que ha firmado con nombres alternativos –como The Fireman-, las tres bandas sonoras, los recopilatorios, y los que publicó siendo Beatle) es principalmente, y en palabras del propio autor, “el tipo de música que escucharías llegando del trabajo, cuando te quitas por fin los zapatos, te preparas tu bebida favorita y simplemente te relajas”.



Kisses on the bottom es también un proyecto que el de Liverpool ha ido postergando porque no estaba seguro de si debía reforzar esa imagen de baladista sentimental que tanto le ha hecho sombra a sus otras facetas.
Al final, a sus 69 años, se decidió a rebuscar dentro del cancionero clásico estadounidense aquellas melodías que le acompañaron de pequeño en su hogar (fue hijo de un melancólico líder de una banda de jazz). McCartney procuró que su selección no fuese tan obvia, rescatando incluso algunas que él desconocía pero que engancharon enseguida con el tono que deseaba darle a su trabajo, como More I cannot wish you (una melodía en donde un padre le canta a una niña pequeña, en la que él se reflejó especialmente ya que su hija menor tiene nueve años) y My one and only love (un tema de 1952).
“El elemento melódico de Los Beatles venía de lo más profundo de nuestros recuerdos, era todo lo que habían cantado nuestros padres”, subraya McCartney en una entrevista concedida a la Rolling Stone a propósito de Kisses on the bottom, álbum que incluye también tres temas originales de Paul: My Valentine (escrita durante un viaje a Marruecos y dedicada a su actual esposa, Nancy Shevell; en la que colabora, rasgueando una preciosa guitarra acústica, un viejo conocido: Eric Clapton), Only our hearts (con otro invitado de lujo que interpreta una inconfundible armónica, Stevie Wonder) y Baby’s Request (un tema que recupera de Back to the egg de 1979, escrito originalmente para The Mills Brothers, que éstos jamás consagraron).
Acostumbrado a grabar todos los instrumentos, esta vez sólo le oímos una discreta guitarra acústica en dos temas. Para el resto confía en Diana Krall como directora musical, quien comanda a un reparto extraordinario de músicos de estudio (John Pizzarelli en la guitarra, Karriem Riggins en la percusión, Johnny Mandel como arreglista de orquesta, etc.) y en Tommy LiPuma en la producción. Con ellos entrega un trabajo que se podría equiparar al Rock ‘n’ roll (1975) de su eterno compañero/rival John Lennon, donde éste reflejó sus influencias más personales.
Este álbum no pasará a la historia ni será uno de sus discos más laureados, pero precisamente se disfruta por eso: Kisses on the bottom es tan sólo un reconfortante ejercicio de estilo de Paul McCartney, sin más pretensiones que la de mimar un mundo sonoro que él ama.
Con eso basta.

Paul McCartney - Only our hearts
 
Paul McCartney - My one and only love
 

viernes, 4 de mayo de 2012

Homenaje a Luis Alberto Spinetta en Madrid

 Entrada original para Revés Online el día 3 de mayo del 2012.


Madrid. 27 de abril. 23:00 hrs. Café Berlín. 
En febrero de este año 2012 falleció el músico Luis Alberto Spinetta en la misma ciudad donde nació, Bueno Aires, luego de que un cáncer de pulmón le quitara la vida a sus 62 años. Su legado es inmenso e inabarcable, y seguramente tardaremos años y generaciones enteras en descubrir y apreciar por completo el tesoro que nos ha dejado. Esforzándome para no exagerar en mis reflexiones, considero que su obra bien podría ser considerada Patrimonio de la Humanidad algún día, como la de Mozart o la de Los Beatles, por ejemplo.
Las reacciones luego de su muerte han sido diversas, emotivas y magnánimas. Músicos y figuras importantes de la cultura, no sólo de Argentina y de Latinoamérica sino de todo el mundo, se deshicieron en elogios, respeto y admiración por la figura de El Flaco. No es para menos. Sobra decir que al día siguiente al de su muerte en todos los noticiarios se hablaba de su vida y obra y los programas de radio abrían sus sesiones con alguna de sus piezas. En Argentina se lloró tanto su pérdida que el Río de la Plata (donde fueron arrojadas sus cenizas) pudo haberse desbordado. Desde entonces toda clase de tributos y homenajes en distintos formatos han empezado a consolidarse.
En España, donde vivo desde hace ya cuatro años, muy lejos físicamente de la Argentina pero cerca de ella por la afinidad cultural histórica que nos enlaza entre latinoamericanos y españoles, se programaron conciertos tributo en distintas ciudades del país, en el que han intervenido varios conjuntos y grupos de músicos. Yo asistí al que se organizó a finales de abril en el Café Berlín de Madrid, un pequeño y acogedor bar de conciertos en el centro de la ciudad que se inclina (en general) por un perfil jazzístico.

Cuando llegué al lugar ya todos estaban listos para rockear. La asistencia fue positiva y predominaban, evidentemente, los argentinos.
José Gómez (voz y guitarra), Gus Aguilar (voz), Guille Arróm (guitarra), Abel Calzetta (guitarra), Fer Lupano (bajo), Juan Cruz Peñaloza (teclados), Luis Fernández (teclados), Marcelo Novati (batería) y Martín Bruhn (batería) fueron algunos de los tantos músicos que subían y bajaban del escenario exhibiendo en sus interpretaciones un inmenso y profundo amor por aquella música que seguramente llevaban tatuadas en el espíritu.
Abrieron con Dale gracias del álbum Alma de diamante (“Es inútil que pretendas brillar con tu historia personal, recuerda que un guerrero no detiene jamás su marcha“). Las voces eran parecidas a las de Luis Alberto (salvando las abismales distancias, claro), las interpretaciones precisas y el sonido era bueno aunque quizá no del todo depurado. El bajista incluso se parecía físicamente un poco a Spinetta.
Le siguió Alfil, ella no cambia nada (“La reina negra está ante su propio silencio, los peones desvanecidos rondan como espectros pasaportes hasta un mundo oscuro, negociados en las torres”), La montaña (“Trepen a los techos ya llega la aurora”), Resumen porteño de su etapa con Spinetta Jade (“Sólo está feliz en los conciertos, y siempre se la llevan detenida como a un ángel”) y Cementerio Club del álbum Artaud, de 1973, considerado el mejor disco de rock en Argentina, una canción que además destaca por ese solo de guitarra que luego Soda Stereo versionaría en su Unplugged en Té para tres.
Los músicos se miraban cómplices entre ellos, como si recordaran las primeras veces que escucharon aquella música o como si no pudiesen apartar toda una serie de recuerdos que se evocaban al tocar esos acordes y les sobrepasara el entusiasmo. Cada nota significaba algo para ellos.
Fina ropa blanca, de 1989 (“Todos los espejos de su corazón se quebraron en mí”) y Asilo en tu corazón, del álbum La la la, que coescribió con Fito Páez (“Soy un barco que se hace a la mar, y en todo retorno un cambio nacerá”) indicaban que en la noche sonarían no sólo los hits más evidentes, sino también piezas menos conocidas del repertorio del compositor argentino.
De corrido, a modo de popurrí (para que algunas canciones clave no quedaran fuera, según dijo uno de los músicos), tocaron Plegaria para un niño dormido (“Se ríe el niño dormido, quizás se sienta gorrión esta vez, jugueteando inquieto en los jardines de un lugar que jamás despierto encontrará”), Alma de diamante, que logra estremecer a cualquiera que la escuche con atención (“Y aunque el sol se nuble después, sos alma de diamante”), Quedándote o yéndote del álbum Kamikaze, del 82 (“Deberás amar, amar, amar hasta morir”), la emotiva y confesional Canción para los días de la vida (“Tengo que aprender a volar entre tanta gente de pie”), un pequeño fragmento de A Starosta, el idiota (“Bocas del aire del mar levan la sal de esta luz”) y No te busques ya en el umbral, de 1981 (“Ya dejaste tu día buscando las moras hablando de los niños que escriben en el cielo”).

Ascendiendo poco a poco en decibelios y ritmo pero conservando la tristeza y la nostalgia como eje, Mi elemento, de uno de los últimos discos de Luis Alberto (Una mañana, del 2008), nos restableció de la bruma melancólica del set cuasi acústico en la que noté que algunos asistentes se secaban una lagrimilla traicionera, de esas que vienen directamente del alma. Emociona comprobar cómo una persona, una sola, ha tocado la vida de tanta gente de una manera tan bella y poética.
Barro tal vez, una de sus canciones más versionadas, fue una de las ejecuciones más pobres de la noche, una lástima (“He de fusionar mi resto con el despertar aunque se pudra mi boca por callar”). Mientras remontaban con Los libros de la buena memoria de la etapa de Spinetta con Invisible, me percaté que ya para entonces el espíritu de Luis Alberto estaba poseyendo a los músicos porque éstos hasta comenzaron a imitar, seguramente sin darse mucha cuenta, el lenguaje gestual de El Flaco. Del periodo con Los Socios del Desierto llegó Donde no se lee (“Hay una oración que no podré escribir, dice mil veces que tus manos yo así perdí”).
Durante Durazno Sangrando (“Dicen que en este valle los duraznos son de los duendes”), la buenísima versión que se marcaron de Díganle (“Es tan temprano que no tengo más sueño, ya las melodías se han ido y yo me voy de tus manos como viento”), si uno cerraba los ojos, y si se había ingerido ya una razonable cantidad de alcohol, uno podía imaginar lo que pudo haber sido un verdadero concierto de Spinetta, algo distante y platónico ya.
En la recta final, para dejar definitivamente los temas reposados y entrar en la zona caliente, Contra todos los males de este mundo (“Vamos a buscar aquel vejo tiburón a las profundidades del mar de la sangre”), Lejísimo (“Violenta ecuación de vivir sin un por qué”) y Yo quiero ver un tren (“La mañana me encuentra sospechando en el aire, ¡híper-ultra contaminado!”) revolucionaron el pulso de los asistentes. De un triste funeral que nos devoraba el interior, pasamos a una desmadrosa celebración en todo lo alto, que nos recordaba que la vida debe de continuar a pesar de todo. Pero antes de rematar la noche con más brío aún, Muchacha ojos de papel (“Corazón de tiza, cuando todo duerma te robaré un color”), que no podía faltar, vino a hacer un paréntesis en la euforia, pero poco duró porque ya para cuando sonaba el riff inicial de Seguir viviendo sin tu amor un grupo de gente enloqueció cantándola como si su vida dependiese de ello (“Y si acaso no brillara el sol y quedara yo atrapado aquí, no vería la razón de seguir viviendo sin tu amor”). Las chicas bailaban, los chicos se quitaban la remera y la agitaban con el puño en alto como si estuviesen en un River-Boca.
No te alejes tanto de mí fue ideal para cerrar la noche, ya que la gente coreó emocionada su estribillo, sabiendo ya que a quien le dirigíamos esas líneas una y otra vez eran dedicadas sólo y exclusivamente al El Flaco Luis Alberto Spinetta.
Como quien lleva flores a la tumba de un ser querido, nosotros fuimos al Café Berlín para satisfacer nuestros sentimientos. Eterno.
Fotos: Estrella Checa Ruiz.

Spinetta Jade. "Díganle"
 
Luis Alberto Spinetta. "No te alejes tanto de mí".
 

El Melómano Cabreado #14

Entrada original para Satélite Media el día 3 de mayo del 2012.

Un cinéfilo cabreado
Desde Madrid. 
Este pasado lunes 30 de abril fui a mi kiosco de prensa de costumbre para adquirir el último número de la revista Rockdelux (de la que soy devoto) que suele estar disponible un par de días antes al inicio de mes, pero, ¡oh, fatal destino!, aún no había llegado debido, quizá, al puente del día 1 (Día del Trabajo) y del 2 (Día de la Comunidad de Madrid). Abatido, me llevé como capricho de consolación una revista que nunca había comprado, Cinemanía, porque el titular de la portada me atrajo: “Las 200 mejores películas de todos los tiempos”. Movido por la curiosidad desembolsé los 3 euros y fui a casa a hojearla.
Nada más abrir la revista me percaté con horror de su línea editorial pretenciosamente “juvenil” y cool. Es algo así como un homónimo en cine de la Rolling Stone, una publicación que peca continuamente de mentecata, poco rigurosa, complaciente, comercial, de escasa edad mental, ignorante y mitómana, que, desgraciadamente, mucha gente toma en serio sólo porque su marca vende (este mundo es así: puedes comercializar mierda si la sabes empaquetar y enfocar adecuadamente).
En fin. Sumergirme en la edición de mayo del 2012 de la revista Cinemanía fue un cabreo continuo que iba de menos a más. No exagero. Ahí van algunos títulos:
En el número 190 300 de Zack Snyder (¡esto no es Esparta, es un fraude!), en 171 Harry Potter y las reliquias de la muerte 2 (que alguien me haga un Avada Kedavra), en 152 Scream (¡como si no hubiera millones de películas de terror mejores que esa gringada!), en el 146 Piratas del Caribe: La maldición de la Perla (Johnny Depp, te detesto), en el 107 Requiem por un sueño de Darren Aronofsky (no me jodas, ¿a alguien de verdad le impactó esta película?, ¡no han visto nada, entonces!), en el 84 la reciente The Artist (¡haber puesto mejor una película verdaderamente muda, que eran mucho mejores que esta, joder!), en 69 Eduardo Manostijeras de Tim Burton (¡una película emo jamás podrá estar entre las mejores, maduren!), en 62 Braveheart de Mel Gibson (¿realmente tengo que quejarme de esta?), en 45 Scott Pilgrim contra el mundo (¡creced de una vez, coño!), en 24 Gladiator de Ridley Scott (¡vaya escándalo, por favor!), en 19 Drive de Nicolas Winding Refn (debe de ser una broma que esta basura se pueda considerar parte de las mejores veinte películas de todos los tiempos, oigan), entre tantas otras que me reservaré para el final porque cuando mi lectura llegó hasta los primeros lugares decidí tajantemente que tendría que tomar cartas en el asunto.
Así que al más puro estilo de José Mourinho cuando esperó en el parking del Camp Nou al árbitro Teixeira Vitienes después de un clásico Barcelona vs Real Madrid para decirle unas cuantas palabrotas, yo aguardé pacientemente a las puertas del edificio donde se edita Cinemanía, hasta que de él salió Carlos Marañón, director de la publicación. Le seguí a pie durante un trayecto y antes de que subiera a su coche, que dejó estacionado en una calle oscura y poco transitada, toqué su hombro y le pregunté:
—¿Eres Carlos Marañón?
—Sí, ¿qué ocurre? —me respondió entre extrañado y feliz, seguro pensaba el muy desgraciado que le iba pedir un autógrafo.
—¡Esto es por Federico Fellini! —le solté un puñetazo con todas mis fuerzas en la nariz. ¿Pueden creer que no haya ni una sola película de uno los mejores directores de todos los tiempos? Marañón cayó al asfalto, sorprendido, y le sujeté por su melena rizada.
—¡Toma esto por Tarkovsky!, ¡y esto por Robert Bresson!, ¡y esto por Louis Malle!, ¡otro por Michael Haneke, Werner Herzog, John Cassavetes, Carlos Saura, Michelangelo Antonioni, François Ozon, Ingmar Bergman, Wim Wenders, Claude Lanzmann, Alejandro Jodorowsky, Georges Méliès, Claude Chabrol, Jim Jarmusch, Gus Van Sant, Carlos Reygadas, Apichatpong Weerasethakul, Rainer Werner Fassbinder, John Huston, Sergei M. Eisenstein, Jean Renoir, Alain Resnais! —le gritaba mientras le golpeaba. Pidiendo ayuda y llorando, el director de Cinemanía “Marranón” trataba de defenderse argumentando que en una lista de 200 títulos no pueden entrar todos los directores que nos gustarían. Esa respuesta me encolerizó más y entonces le pateé en el estómago, dejándolo sin aire y le espeté:
—¡Si hay pocos lugares, ¿entonces qué coño hacen en tu lista dos películas de Harry Potter, dos de Indiana Jones, dos de El Señor de los Anillos y tres de Star Wars?!
—Es lo que pide la gente… —me pudo responder, apenas.
—¡Calla, cabrón! —le pasé mi hombro por el cuello, y paulatinamente lo asfixiaba. —¿Cómo te atreves grandísimo tarado a poner en el número 38 2001: una odisea del espacio de Kubrick cuando debería estar entre las primeras cinco sí o sí? ¿Cómo me explicas que Steven Spielberg se haya colado a los diez primeros lugares, eh?, ¡si es un meloso! ¿Qué hace David Fincher en el noveno lugar?, ¿tanto te gustó El club de la lucha? ¡Pues ahora trágate mis puños!
—Ughhghgh… —balbuceó el director de Cinemanía cuando le restregué mi mano cerrada en su boca.
—¿El caballero oscuro de Christopher Nolan en segundo lugar?, ¿de verdad?, ¿cuántos años tienen tú y tus lectores? ¿9, 10? ¡No me jodas, no puedes colocar una película de superhéroes entre los primeros puestos! ¿Quieres acaso que la gente seria y respetable se ría de tu criterio?, Pues lo has conseguido. ¿Dónde está tu Batman ahora, eh?
—El cine es principalmente un entretenimiento… —me respondió, como quien dice sus últimas palabras antes de morir.
—¡Te equivocas, idiota! —le contraataqué—, el cine es una de las expresiones humanas más completas y complejas que hay porque se involucran y se mezclan todas las Bellas Artes: la música, la literatura, la pintura, la danza, la escultura, la arquitectura… ¡No puede ser un simple entretenimiento!, el cine alimenta el espíritu y nos engrandece como especie. Hemos depositado en él el esfuerzo, talento y visión de una parte de nuestros creadores más ilustres. Tú insultas al cine posicionando a Batman en segundo lugar.
>>¿Pero sabes que me cabrea aún más? ¡Que en primer lugar esté El Padrino! —apreté su cuello con todas mis fuerzas, la cara del director de Cinemanía estaba ya de color púrpura —¡Supérenlo ya de una vez, joder!, jamás seréis parte de la familia Corleone. ¡Qué poco originales e imaginativos son, por favor!
Después de reprocharle eso, lo solté del todo y le dejé respirar. Carlos Marañón tosía sobre el asfalto, quejándose malherido. A lo lejos una sirena de policía se acercaba, probablemente alertada por algún vecino.
—Me voy, pero te estaré vigilando. —Y así como aparecí, desaparecí en las tinieblas, como un caballero oscuro…
Entrada dedicada al gran olvidado (entre tantos) de la lista de las 200 mejores películas de todos los tiempos según la revista Cinemanía: Federico Fellini.