Entrada original para Satélite Media el día 25 de mayo del 2012.
Abuchead todo lo que queráis…
Como algunos de ustedes sabrán, en este momento se está desarrollando la sexagésima quinta edición del quizá más prestigioso festival de cine de todo el mundo, Cannes 2012.
He permanecido relativamente atento al certamen ya que Carlos Reygadas, uno de mis cineastas contemporáneos favoritos, a quien además le tengo simpatía personal, presenta su último largometraje titulado Post Tenebras Lux (“Después de las tinieblas espero la luz”, frase recogida del libro de Job), un film que ya está dando de qué hablar.
Los trabajos de Carlos Reygadas, que no son muchos todavía (cuatro contando este), no son obras que uno pueda ver como cualquier otra película. Exigen una involucración y atención específica del espectador; no son películas para entretener ni para limpiar la baba de nadie; no son películas para gente impaciente y que no sabe contemplar la vida ni sus detalles. Es cierto que sus tres primeras películas cuentan una historia lineal usando una estructura más o menos convencional (algo que aparentemente ya no practica en este nuevo film), pero de cualquier manera la información no es dada de manera explícita sino que hay que leer entrelíneas y advertir las alegorías representadas para comprender lo que verdaderamente está ocurriendo, como sucede en la poesía. En este sentido, coincido totalmente con Jaime Romandía, productor del filme, que matizó que aquello era un trabajo artesanal.
Estos indispensables requisitos para poder disfrutar de la obra de Reygadas ya dejan fuera a la gran mayoría del público promedio. El individuo/a que se enfrente a una de esas películas deberá ser, por fuerza, una persona contemplativa, reflexiva, cavilosa, ascética y hasta un poco piadosa. Características del espíritu que hoy ya no abundan mucho en este mundo cada vez más apresurado, inquieto, distraído, superficial, intransigente, literal, perezoso, indiferente, distante, abúlico y apático.
Es muy probable que por esto hayan abucheado la presentación del filme de Reygadas en Cannes. ¡Nada mejor le pudo haber pasado! Y él lo sabe porque, además de la publicidad gratuita que se le ha dado a su obra por este incidente, Carlos es muy consciente de que su cine trasgrede más allá del espacio-tiempo, de las estructuras clásicas, moldes narrativos o cinematográficos y de cualquier recelo academicista.
"Los periodistas siempre tienen prisa, quieren pasar a lo siguiente, quieren lo más fácil y ya. Me siento muy halagado de que mi película no les guste porque quiere decir que estoy haciendo lo correcto. Si no me abuchearan estaría un poco preocupado porque nunca abuchean los programas de televisión que es lo peor que hay en la actualidad, el veneno de hoy", sentenció Reygadas en Cannes en rueda de prensa. Además, reconoció lo que todos sospechábamos: "para mí existir es provocar”. En ese sentido, todas sus películas han conseguido provocar (aunque yo usaría la palabra “sugerir”) de una u otra manera y en mayor o menor medida.
Lo mismo le ocurrió al barcelonés Jaime Rosales cuando presentó en el Festival de Cine de San Sebastián del 2008 su rompedor largometraje Tiro en la cabeza (Tiro Bat Buruan). Un filme que sigue el recorrido de un etarra que termina asesinando a dos guardias civiles en algún lugar de la frontera entre Francia y España. En este filme observamos a los protagonistas a cierta distancia, como si les miráramos siempre a través de la lejanía. Les vemos hablar pero no les escuchamos, les vemos obrar actos cotidianos e intuimos lo que pasa pero jamás estamos del todo seguros ni de lo que hacen ni de sus intenciones. Le abuchearon en la proyección y le cuestionaron y reprocharon su trabajo luego en la sala de prensa. Aunque aquella vez Jaime Rosales fue mucho más moderado que Carlos Reygadas en su defensa, concluyó que él tan sólo era un artista que no pretendía encontrar las soluciones a los problemas del mundo.
Para mí Tiro Bat Buruan es una de las películas más trasgresoras que he visto en mi vida. Confieso que incluso me aburrí un poco viéndola, pero al mismo tiempo encontré una satisfacción confusa e incomprensible que, imagino, sólo has de sentir cuando te enfrentas a una obra única.
Muchos han sido los que han recibido abucheos a lo largo de la historia cuando develan su trabajo pero me es inevitable recordar siempre el caso de La consagración de la primaverade Igor Stravinsky en su estreno en el año de 1913 en el Théâtre des Champs-Élysées en París, Francia. Con la distancia del tiempo resulta emocionante e impactante revivir a través de los libros cómo un aparentemente inofensivo ballet en dos actos basado en los ritos paganos de Rusia, causó tanta conmoción en todo el circuito artístico de aquellos años. Tampoco me extraña, puesto que es una obra monumental, revolucionaria y trascendente que podría competir con el origen mismo del cosmos y de la creación del Universo. “Una verdadera locura” como diría un buen amigo de Murcia.
Al estreno fue la crème de la crème de la época: Picasso, Coco Chanel (quien fuera luego amante del compositor ruso), Florent Schmidt, Jean Cocteau, Camille Saint-Saëns, entre otros. Inmediatamente la sala se dividió, al igual que en la vida misma, entre conservadores y progresistas que se vilipendiaron y se agredieron unos contra otros. Con su ConsagraciónStravinsky alborotó a los demonios del mundo, que por aquellos años comenzaban a asomar sus cabezas. El director de orquesta Sir Simon Rattle (uno de los mejores directores vivos hoy por hoy) ha concluido que la naturaleza de Le Sacre du printemps no era otra cosa que el preludio de la Primera Guerra Mundial. Casi nada. Una vez que las pasiones se desataron ya nada en la música a partir de entonces se volvió a entender de la misma manera.
Nunca olvidaré la tenacidad e impresión con la que se prensó en mi alma La consagración de la primavera cuando la escuché por primera vez, al igual que cuando vi Luz silenciosa (Stellet Licht) de Carlos Reygadas, que por cierto fue en el Festival de Cine de Morelia.
Por eso abuchead todo lo que queráis, que de cualquier manera el tiempo es el que se encarga de dejarnos a todos en nuestro sitio.
Igor Stravinsky. La Consagración de la Primavera. Primera parte. La adoración de la Tierra.
Tráiler de Post Tenebras Lux.

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