Desde Madrid.
Este pasado lunes 30 de abril fui a mi kiosco de prensa de costumbre para adquirir el último número de la revista Rockdelux (de la que soy devoto) que suele estar disponible un par de días antes al inicio de mes, pero, ¡oh, fatal destino!, aún no había llegado debido, quizá, al puente del día 1 (Día del Trabajo) y del 2 (Día de la Comunidad de Madrid). Abatido, me llevé como capricho de consolación una revista que nunca había comprado, Cinemanía, porque el titular de la portada me atrajo: “Las 200 mejores películas de todos los tiempos”. Movido por la curiosidad desembolsé los 3 euros y fui a casa a hojearla.
Nada más abrir la revista me percaté con horror de su línea editorial pretenciosamente “juvenil” y cool. Es algo así como un homónimo en cine de la Rolling Stone, una publicación que peca continuamente de mentecata, poco rigurosa, complaciente, comercial, de escasa edad mental, ignorante y mitómana, que, desgraciadamente, mucha gente toma en serio sólo porque su marca vende (este mundo es así: puedes comercializar mierda si la sabes empaquetar y enfocar adecuadamente).
En fin. Sumergirme en la edición de mayo del 2012 de la revista Cinemanía fue un cabreo continuo que iba de menos a más. No exagero. Ahí van algunos títulos:
En el número 190 300 de Zack Snyder (¡esto no es Esparta, es un fraude!), en 171 Harry Potter y las reliquias de la muerte 2 (que alguien me haga un Avada Kedavra), en 152 Scream (¡como si no hubiera millones de películas de terror mejores que esa gringada!), en el 146 Piratas del Caribe: La maldición de la Perla (Johnny Depp, te detesto), en el 107 Requiem por un sueño de Darren Aronofsky (no me jodas, ¿a alguien de verdad le impactó esta película?, ¡no han visto nada, entonces!), en el 84 la reciente The Artist (¡haber puesto mejor una película verdaderamente muda, que eran mucho mejores que esta, joder!), en 69 Eduardo Manostijeras de Tim Burton (¡una película emo jamás podrá estar entre las mejores, maduren!), en 62 Braveheart de Mel Gibson (¿realmente tengo que quejarme de esta?), en 45 Scott Pilgrim contra el mundo (¡creced de una vez, coño!), en 24 Gladiator de Ridley Scott (¡vaya escándalo, por favor!), en 19 Drive de Nicolas Winding Refn (debe de ser una broma que esta basura se pueda considerar parte de las mejores veinte películas de todos los tiempos, oigan), entre tantas otras que me reservaré para el final porque cuando mi lectura llegó hasta los primeros lugares decidí tajantemente que tendría que tomar cartas en el asunto.
Así que al más puro estilo de José Mourinho cuando esperó en el parking del Camp Nou al árbitro Teixeira Vitienes después de un clásico Barcelona vs Real Madrid para decirle unas cuantas palabrotas, yo aguardé pacientemente a las puertas del edificio donde se edita Cinemanía, hasta que de él salió Carlos Marañón, director de la publicación. Le seguí a pie durante un trayecto y antes de que subiera a su coche, que dejó estacionado en una calle oscura y poco transitada, toqué su hombro y le pregunté:
—¿Eres Carlos Marañón?
—Sí, ¿qué ocurre? —me respondió entre extrañado y feliz, seguro pensaba el muy desgraciado que le iba pedir un autógrafo.
—¡Esto es por Federico Fellini! —le solté un puñetazo con todas mis fuerzas en la nariz. ¿Pueden creer que no haya ni una sola película de uno los mejores directores de todos los tiempos? Marañón cayó al asfalto, sorprendido, y le sujeté por su melena rizada.
—¡Toma esto por Tarkovsky!, ¡y esto por Robert Bresson!, ¡y esto por Louis Malle!, ¡otro por Michael Haneke, Werner Herzog, John Cassavetes, Carlos Saura, Michelangelo Antonioni, François Ozon, Ingmar Bergman, Wim Wenders, Claude Lanzmann, Alejandro Jodorowsky, Georges Méliès, Claude Chabrol, Jim Jarmusch, Gus Van Sant, Carlos Reygadas, Apichatpong Weerasethakul, Rainer Werner Fassbinder, John Huston, Sergei M. Eisenstein, Jean Renoir, Alain Resnais! —le gritaba mientras le golpeaba. Pidiendo ayuda y llorando, el director de Cinemanía “Marranón” trataba de defenderse argumentando que en una lista de 200 títulos no pueden entrar todos los directores que nos gustarían. Esa respuesta me encolerizó más y entonces le pateé en el estómago, dejándolo sin aire y le espeté:
—¡Si hay pocos lugares, ¿entonces qué coño hacen en tu lista dos películas de Harry Potter, dos de Indiana Jones, dos de El Señor de los Anillos y tres de Star Wars?!
—Es lo que pide la gente… —me pudo responder, apenas.
—¡Calla, cabrón! —le pasé mi hombro por el cuello, y paulatinamente lo asfixiaba. —¿Cómo te atreves grandísimo tarado a poner en el número 38 2001: una odisea del espacio de Kubrick cuando debería estar entre las primeras cinco sí o sí? ¿Cómo me explicas que Steven Spielberg se haya colado a los diez primeros lugares, eh?, ¡si es un meloso! ¿Qué hace David Fincher en el noveno lugar?, ¿tanto te gustó El club de la lucha? ¡Pues ahora trágate mis puños!
—Ughhghgh… —balbuceó el director de Cinemanía cuando le restregué mi mano cerrada en su boca.
—¿El caballero oscuro de Christopher Nolan en segundo lugar?, ¿de verdad?, ¿cuántos años tienen tú y tus lectores? ¿9, 10? ¡No me jodas, no puedes colocar una película de superhéroes entre los primeros puestos! ¿Quieres acaso que la gente seria y respetable se ría de tu criterio?, Pues lo has conseguido. ¿Dónde está tu Batman ahora, eh?
—El cine es principalmente un entretenimiento… —me respondió, como quien dice sus últimas palabras antes de morir.
—¡Te equivocas, idiota! —le contraataqué—, el cine es una de las expresiones humanas más completas y complejas que hay porque se involucran y se mezclan todas las Bellas Artes: la música, la literatura, la pintura, la danza, la escultura, la arquitectura… ¡No puede ser un simple entretenimiento!, el cine alimenta el espíritu y nos engrandece como especie. Hemos depositado en él el esfuerzo, talento y visión de una parte de nuestros creadores más ilustres. Tú insultas al cine posicionando a Batman en segundo lugar.
>>¿Pero sabes que me cabrea aún más? ¡Que en primer lugar esté El Padrino! —apreté su cuello con todas mis fuerzas, la cara del director de Cinemanía estaba ya de color púrpura —¡Supérenlo ya de una vez, joder!, jamás seréis parte de la familia Corleone. ¡Qué poco originales e imaginativos son, por favor!
Después de reprocharle eso, lo solté del todo y le dejé respirar. Carlos Marañón tosía sobre el asfalto, quejándose malherido. A lo lejos una sirena de policía se acercaba, probablemente alertada por algún vecino.
—Me voy, pero te estaré vigilando. —Y así como aparecí, desaparecí en las tinieblas, como un caballero oscuro…
Entrada dedicada al gran olvidado (entre tantos) de la lista de las 200 mejores películas de todos los tiempos según la revista Cinemanía: Federico Fellini.

No hay comentarios:
Publicar un comentario en la entrada