jueves, 26 de abril de 2012

El Melómano Cabreado #13

Entrada original para Satélite Media el día 26 de abril del 2012.

Lido Pimienta, Carla Morrison, Natalia Lafourcade y Russian Red: la crónica alternativa
Últimamente he estado cubriendo algunos conciertos para un medio de España que se llama La Factoría. Ahí firmo como Francisco Negrete Mendoza, por lo que tengo que ser relativamente moderado con mis opiniones, fantasías, delirios y diatribas. Justo hace unos días, el domingo 22 de abril, cubrí el inicio de un festival itinerante que se llama Viva la Canción en el que actuaron cuatro chicas iberoamericanas: Lido Pimienta (colombiana), Carla Morrison (de Tecate, Baja California), Natalia Lafourcade (de Veracruz) y Russian Red (madrileña). El concierto estuvo bien dentro de lo que cabe, no me vayan a malinterpretar, pero no pude evitar pensar en cómo El Melómano Cabreado relataría una crónica de un concierto con toda su mala baba en la que ninguno se salva. Seguramente lo haría de un modo mucho más divertido, canalla, ácido y estrambótico que Francisco Negrete Mendoza. Es por eso que me he dado a la tarea de hacerlo, sin ánimo de ofender a nadie y sin una pizca de acritud. Esto es sólo una PARODIA de lo que pudo haber sido ese concierto. Sin más, con ustedes la crónica alternativa de El Melómano Cabreado:

Domingo 22 de abril. 20:00 hrs. Madrid. Casa de América.
Nada más llegar a las cercanías de Casa de América noté la larga fila que bordeaba uno de sus lados. Yo, ni corto ni perezoso, miré a todos con misericordia y me acerqué a la puerta.
—Vengo de parte de pren-sa —dije muy pizpireto, alzando la voz para todos me escucharan. Me dejaron pasar, me acredité y como no había nada que hacer hasta que empezara el concierto me pedí una cerveza en la barra del lobby, y después otra y después de esa otra. Para que luego digan que en España no se trabaja.
Ya que me instalé en la sala de conciertos, comprobé que la mayoría de los asistentes eran mexicanos. Llevaban banderas, se habían pintado las mejillas con los colores patrios, unos chavos llevaban el bigote cantinflero, otros ocultaban marihuana en sus bolsillos; vamos lo típicamente mexicano. También había otros latinoamericanos entre el público y, por supuesto, españoles. Predominaban las chicas por lo que, por estadística, hubiese tenido oportunidades de ligar. Pero inmediatamente retiré esos pensamientos de mi mente, soy un profesional y debía de estar atento al concierto.

Inició entonces el primer día de Viva la Canción, un festival ambulante que sirve como punto de encuentro para artistas o bandas iberoamericanas. Lido Pimienta fue la primera chica en salir. Llevaba mallas rotas y un calzoncillo rosa por encima de ellas. Llegó hablándonos en un tono muy pueril, como si acabase de cumplir once años. Pero, ¡oh, sorpresa!, no sólo no era una niña, sino que era madre soltera incluso. Y no sólo eso, Lido Pimienta era una auténtica bestia, una fiera en total estado salvaje: no cantaba, gritaba; aporreaba el teclado; pateaba los amplificadores; se frotaba sus partes íntimas como queriendo agredirnos con ello… El público, que había empezado emocionado, poco a poco fue asustándose con la ejecución musical de la colombiana. Una señorita a mi lado sugirió llamar a Urgencias por si pasaba cualquier cosa. Yo la calmé y le di una palmadita en el hombro, pero en ese momento un teclado se estrelló justo delante nuestro, arrojado por la enfebrecida cantante sudamericana. Entre canción y canción conseguía hablarnos civilizadamente. Nos dijo que en Colombia había muchos problemas. Un igualado y engreído hombre de entre el público le respondió:
—¡En España también hay problemas!, ¿sabes? —Al oír eso, me levanté enfurecido y le espeté al hombre que no era posible comparar los problemas de España con los problemas de Latinoamérica.
—Que sí ­—le subrayé —, aquí en España también hay problemas, cada vez más. Pero allá en América ni siquiera podemos caminar por nuestras calles sin miedo. Así que a la próxima vez que digas algo así, a ver si ves más allá de tus narices. ¡Anda hombre, coño!
Por supuesto, después de mi réplica todo el mundo enmudeció y Lido Pimienta pudo seguir su tarambana. Inventó justo para la ocasión un tema que dedicó al reciente episodio en que descubrieron al Rey Juan Carlos I cazando elefantes en Botsuana, canción que luego generaría controversia. Cuando Lido Pimienta terminó su intervención no sabíamos si aquella pequeña monstruita nos había gustado o si lo más prudente era llamar a la asistenta social para que se llevaran a su hijo/a.

Carla Morrison le llegó a su azucarado repertorio y casi me da diabetes por tanta miel. Su pop intimista de chica a punto de cortarse las venas con una galleta amansó al público que vitoreaba cada acierto de la cantante, habiendo como había tanto mexicano chillón.
—¡Ay, dices que me quieres mucho pero me tienes trabajando, amorcito! —gritó alguno por ahí, anegado y embrutecido por la fuerte dosis sentimentaloide que nos estaba inyectando la Morrison.
—¡Mátenme porque me muero! —aulló otro. Yo, amablemente, le clavé una navaja en su torso para complacerlo.
El momento culmínate fue cuando a la Morrison se le escapó una lágrima en medio de Maleza, dejando a todos los que no estábamos llorando como unos perfectos imbéciles insensibles e inhumanos. Típico de una chica, quienes no paran de presumir que pueden hacer varias cosas a la vez, pero quienes, sin embargo, no dejan de demostrar que no se pueden concentrar en ninguna sola, la norteña nos confesó que había olvidado sus discos en México y que, por lo tanto, no los podíamos comprar. ¡Lástima, margarita!, yo que me iba a ser de uno para mi colección.
Terminó su presentación con Compartir, al parecer uno de sus temas más conocidos, o al menos fue el que se recibió con más jolgorio. Particularmente, una pareja de mariquitas mexicanos no dejaron de abrazarse y meterse mano durante toda la canción. ¡Para eso hay moteles!

Natalia Lafourcade, que parecía que en cualquier momento se podría romper (¡qué pequeña es!), exhibió su gran naturalidad musical repasando parte de su material más reciente mezclando temas nuevos que saldrán en un disco en homenaje a Agustín Lara (honor a quien honor merece, eso sí). Entre su repertorio, tocó Running too fast, un tema cuasi acústico que, declaró, no incorpora a menudo en sus conciertos. No me extraña, puesto que la canción es malísima y aburrida: No para de comerse el coco pensando en que está haciendo las cosas muy deprisa y que necesita un break, ¡encima en inglés! Por lo demás, su intervención estuvo razonablemente bien, aunque pienso que le faltó empuje, determinación y coraje. Era como si Natalia Lafourcade estuviese sufriendo eso que nos atormenta seguido a los mexicanos en el extranjero: el síndrome del jamaicón.

Lo mejor de la noche vino de la mano de la anglófila Russian Red, seudónimo innecesario de Lourdes Hernández (¿para qué carajo se autodenomina con un nombre si no es una banda, sino ella misma?). Ella, que se había declarado de derechas hace no mucho levantó pasiones entre la audiencia, que le gritaron de todo.
—¡Guapa! —vociferó el actual ministro de Cultura José Ignacio Wert, que expresó sentir cosquilleos en el vientre bajo cada vez que escuchaba cantar a alguien como Russian Red, que es, primero y ante todo, de derechas.
—¡Hazte de izquierdas, serranita mía! —exclamó entonces Nacho Vegas, quizá un poco arrepentido ya de sus declaraciones en las que conjeturó que Russian Red era de derechas porque no le interesaba otra cosa que hacer canciones bonitas y nada más que eso.
La madrileña se presentó acompañada de Brian Hunt en la guitarra, con quien mantuvo una relación sentimental hace algunos años, y de Pablo Serrano en la percusión, con quien mantiene actualmente una relación. Al paso que va esta chica, lo siguiente es que se haga novio de su próximo bajista y luego de su próximo tecladista y así tendrá toda una banda de ex amantes bebiendo los vientos por ella. Tampoco me extraña tanto, la mozita está para comérsela. Pero pensándolo bien, una chica de derechas jamás podrá ser una buena opción para mí. Ya hablaré de eso en otra ocasión.
Russian Red interpretó, sobre todo, temas de su último disco, “Fuerteventura”, que grabó en Glasglow con músicos blanquitos que no desentonaron con su perfil político. Un cura que se encontraba entre el público no paraba de pedirle canciones a alaridos. Al final del concierto se armó la cámara húngara cuando Russian Red le recriminó a Lido Pimienta, que todavía se encontraba en el recinto, haberse mofado de Su Majestad el Rey en una de sus canciones.
—¿Quién te crees que eres, sudaca? —le espetó la madrileña a la colombiana mientras se agarraban del chongo. Una guinda acalorada para un pastel muy empalagoso.
¿No les cabrea que una de las bandas/artistas principales (es decir, Russian Red), de un festival que se pone como principal objetivo reivindicar a Iberoamérica, escriba sus canciones en inglés? A mí sí. 
Lido Pimienta – Mueve
 
 Carla Morrison – Compartir
 
 Natalia Lafourcade – Running too fast
 
 Russian Red – I hate you but I love you
 

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